“Executive observing team meeting from outside” Un directivo mirando una reunión desde fuera del cristal.

LOS CONFLICTOS EN LA EMPRESA

Cuando los equipos reaccionan negativamente, no tienes un problema de personas.

Tienes un problema de discurso.

Caso Real:

Se ofrecen 18 plazas para una actividad interna de la empresa.
Al día siguiente, 35 personas intentando entrar a la actividad.

Lo previsible:

  • quejas,
  • indignación,
  • “esto no es justo”,
  • “si pago / si pertenezco / si estoy aquí, tengo derecho”.

Lo interesante no fue el conflicto.
Fue la reacción del sistema humano.

Personas que normalmente no participaban en ese tipo de actividades empezaron a protestar.
La queja se contagió.
El grupo dejó de pensar y empezó a reaccionar.

En ese punto, ya no se estaba hablando del problema.
Se estaba hablando desde otro lugar.

Una intervención es suficiente para reubicar al grupo:

“Si somos tantos y no hay otra opción doy otra actividad.
Eso sí: esta actividad es de alto rendimiento, ¿todo el mundo cumple las condiciones?.”

Silencio.

Nadie respondió.
Nadie quiso asumirlo.

Y ahí está la clave que veo todos los días en las empresas.

Cuando un equipo:

  • exige,
  • se queja,
  • se agravia,
  • reclama derechos sin asumir condiciones,

no está pidiendo una solución.
Está sostenido en un discurso que se contagia.

Mientras ese discurso siga activo:

  • ningún cambio organizativo funciona,
  • ningún proceso nuevo sirve,
  • ningún liderazgo convence.

La ventaja de develar los discursos inconscientes que guían la situación:

El problema no es el sistema.
Es desde dónde se está hablando.

Y eso —aunque no se explique— se puede leer y se puede intervenir.

No con motivación.
No con discursos inspiradores.
No con más normas.

Sino con intervenciones precisas que cortan el contagio y devuelven responsabilidad al equipo.

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